miércoles, 31 de agosto de 2011

Radical Face






"Pensé que era divertido". Con esa filosofía se formó. Con esa idea surgió el nombre. Con esa creencia llegó a ser lo que es hoy. Radical Face Versus Phalex Sledgehammer como su nombre oficial, es el acto musical de Ben Cooper; un cantautor de 24 años de Florida; que toca la guitarra, el acordeón, el banjo, el tambor y el piano. Participa además en otras 4 bandas (Electric President, Iron Orchestra, Mother's Basement y Unkle Stiltskin). 





Ben Cooper es el barbon, el otro es su hermano ¿apoco no son seductores?



Su primer obra fue Junkyard Chandelier, de 2003. Pero aún no ha sido publicada. Su primer trabajo que salió a la luz fue Ghost, en el 2007. A partir de entonces empezó a adquirir fama. su espléndia música, asi como la fabulosa voz, y los mismos temas, son la razón por la que en 2010 Nikon, escogió su canción Welcome Home para algo que quizás ya hayan visto...









Una canción fabulosa, realmente impresionante que es en realidad lo que le da fuerza al comercial. Personalmente, esta canción entra en mi top 5.








El año pasado pubicaron 6 canciones que se conocieron como Touch the Sky, que sigue con la misma linea de Ghost








Pero ¿Por qué hablar sobre como se ve la luna, si puedo voltear al cielo y admirarla? Así que mejor compruebenlo por ustedes mismos. Escúchenlo y diganme que opinan.  Ya hemos subido su obra a nuestra página, no olviden checar los demás archivos musicales que tenemos. 



Ghost:
http://www.mediafire.com/?0f5g4k24nswi0a1

Tocuh The Sky:
http://www.mediafire.com/?360nb82vbviilm0



Y si les gusta, pueden ver su página oficial http://radicalface.com/ y ahí podran ver que tienen ya anunciado su proximo material, anoten su correo y recibirán una confirmación para ser avisados cuando salga a la venta, el 4 de octubre. Pueden checar también otras curiosidades así como las otras bandas de las que Ben forma parte.


Y como no quiero que me ganen, acabando de sincronizar mi IPod con sus rolas, me voy a formar para comprar The Roots, espero verlos ahí. ;)



Naranja

Estoy muerto


Estoy muerto. Hoy me desperté y estaba muerto, más muerto que una hoja que ha sido arrancada de un árbol. Más muerto que el contenido de un ataúd que ha estado bajo tierra por más de no sé cuantos años. Tan muerto estaba que al abrir los ojos pude ver todo. Pude ver las cosas de una manera en la que jamás lo había hecho. Todo era hermoso, por alguna razón me sentía tan mal que me sentía bien. Todo era gris, frío, todo era hermoso. Tenía ganas de sentarme en un sillón, con una buena taza de té negro, esa bebida que tanto acostumbraba tomar y que de pronto olvidé. Pero cuando fui a la cocina me dí cuenta de que no tenía té. No tenía nada. Estaba muerto. 
Todo era igual que siempre y a la vez era algo que jamás había visto. Salí a caminar por las calles que solía recorrer con mayor frecuencia, caminé casi dos horas sin rumbo alguno, con la esperanza de poder encontrar los mismos sitios que hacía unos años, sentir el aire, escuchar a los pájaros, ver pasar a la gente, oler un buen café y al final de todo esto, poder decir, ¡qué bonito día! Pero después de esas dos horas me dí cuenta de que no había visto a nadie, que no había olido nada más que el olor a tierra que reinaba en esos lugares pero que jamás había sido tan fuerte, no escuché a ningún pajaro cantar, el aire por alguna razón no quiso salir y no me golpeó la cara. No sentí nada. No podía sentir nada. Estaba muerto.
Volví a casa con la ilusión de que todo esta no era más que un tonto sueño y que a la mañana todo volvería a ser como antes. Me senté en aquél sillón de múltiples colores que ahora era gris, me senté y cerré los ojos. Pasaron miles de cosas por mi cabeza durante esos 30 segundos, pensé en aquellas canciones de The Cure que tan tristes melodías tenían y que a mi me fascinaban, pensé en los días lluviosos y grises en los que a la gente casi no le gustaba salir y por el contrario, eran preciosos a mi parecer, pensé también en aquellas noches frías en las que corría a algún punto donde se pudieran ver todas las luces de la ciudad para reflexionar acerca de la vida. Abrí los ojos y todo se había ido, no había mas que un buró derruido y sucio. Sentí que algo helado recorría mi cuerpo y de pronto se tornaba en un calor infernal, algo insoportable, de pronto se detuvo. En ese momento supe que estaba vivo, más vivo que nunca y, a la vez, estaba tan muerto como ya he dicho. Supe que lo que pasaba es que la vida me estaba abandonando, poco a poco, y ese calor infernal representaba lo último que quedaba de vida en mi. 
Así como Borges dice que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente y que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente, todo era igual para mi realidad. Todo era tan gris que ya no importaba si era de noche o de día porque lo único que cambiaba era la tonalidad del gris. Mi pasado se había esfumado, mi futuro, también, y mi vida estaba tomando el mismo rumbo. 
Algo tenía yo que hacer, pero no podía pensar en otra cosa que en ese calor, en mi vida yéndose a otro lado, dejándome completamente vacío. Yo no estoy hecho para estar solo, pensé. Nunca he estado solo y, ahora, estoy muerto. Nada podía estar mejor, o peor, que para fines prácticos resultaba exactamente igual. 
Mi vida había terminado y estaba sólo. No hay nada más que hacer, nada más que decir. Fui a la cocina, encendí la estufa, tomé una bolsita de algo que parecía té, puse agua en la hornilla y esperé a que hirviera. Mientras esto pasaba, me senté y pensé. No puedo quejarme, llegué lejos y eso es lo que importa. Pero, ¿a quién va a importarle si siempre estuve solo? me pregunté. Tomé el agua le puse el té y me volví a sentar. Di varios sorbos a la taza hasta que me quedé dormido. Jamás desperté. Estaba muerto.

Azul

Compilación Julio '11


En esta sección de música, habrá un poco de mucho, pondremos discos, artículos y más cosas, pero para comenzar les vamos a compartir una compilación del mes de julio hecha por un querido amigo. Espero les guste. 
El link para que lo descarguen viene hasta abajo! 



1. Pumped Up Kicks - Foster The People - Torches (2011)
2. Unbearable Why - Dr. Dog - Shame, Shame (2009)
3. The Hellcat Spangled Shalalala - Arctic Monkeys - Suck It And See (2011)
4. All Your Light (Times Like These) - Portugal. The Man - In The Mountain In The Cloud (2011)
5. The Rip Tide - Beirut - The Rip Tide (2011)
6. End Of The Night - Smith Westerns - Dye It Blonde (2011)
7. Positively 4th Street - Bob Dylan - Positively 4th Street (1965)
8. I Can Barely Breathe - Manchester Orchestra - I’m Like a Virgin Losing a Child (2006)
9. Hellhole Ratrace - Girls - Album (2009)
10. Beginner’s Mind - Bright Eyes - The People’s Key (2011
11. Red Horse (Judges ll)  - Colin Stetson - New History Warfare Vol. 2: Judges (2011)
12. Never Saw the Point - Cults - Cults (2011)
13. Where’d All The Time Go? - Dr. Dog - Shame, Shame (2009)
14. Vagabond - Beirut - The Rip Tide (2011)
15. Sleep Forever - Portugal. The Man - In The Mountain In The Cloud (2011)
Azul

Netflix


BLockbuster ha muerto. Así despertaron los Estadounidenses un día de septiembre del 2010, en el que la supercompañia de videorentas se declaró en quiebra.La empresa líder a nivel mundial en el alquiler de videos. El consorcio de 60,000 empleados, de 5,000 tiendas sólo en EUA, y con prescencia en 17 paises. Una de las marcas más famosas y reconocidas. La tienda que siempre estaba cerca cuando surgía el deseo de ver una película. Simplemente una mañana de septiembre, se declaró en bancarrota.






Quizá para muchos, esto fue una sorpresa, pero el proceso que llevó a esta Multinacional a la muerte, empezó desde hace 14 años. Tal como Batman creó a Dos Caras, y el padre de Edipo creó a su asesino; fue precisamente el mismo Blockbuster el que creó al suyo:


Una tarde de 1997 , Reed Hastings se encontró con un videocassette que había rentado de Blockbuster, semanas antes, en su casa. El video era Apollo 13. Olvidó devolverlo a tiempo y simplemente lo dejó de lado. Al llevarlo de regreso, se dió cuenta de que tenía un retraso de 6 semanas, y una deuda de 40 dólares. 

Fue obligado a pagar pero quedó totalmente inconforme. Dias despues al estar reflexionando sobre los gimnasios y su método de pago, en el que pagas una cantidad fija al mes, y tienes derecho a usarlo los 30 dias por 24 horas, o puedes usarlo simplemente 1 hora al mes. Es decir, tu pagas, y eres totalmente libre, dentro del lapso establecido. No hay recargos por usar de más, o por olvidar. Se le ocurrió que podía adaptar ese sistema de negocios a una empresa de rentas de video.  


Se asoció con Marc Randolph y juntos crearon Netflix, que en esos momentos no era más que una version en línea de Blockbuster, que rentaba videos por internet y los enviaba por correo. Pero cobraba por renta y había recargos por entregar tarde. Pero Reed no se conformaría con hacer lo mismo que Blockbuster. Fue evolucionando. Cambiando. Adaptándose a las necesidades de los clientes. A diferencia de Blockbuster, no solo actualizaba sus formatos de video. Y así, fue hasta dos años después que Reed pudo realmente adoptar su idea de negocios y crear su concepto de pago mensual. De ahí en adelante, Netflix, fue creando una gran reputación e inició lo que sería la perdición de Blockbuster. 






A partir de entonces, Netflix implementó su modelo de negocio que implicaba pagar 15 dólares al mes y podías pedir tres peliculas, las cuales te llegaban a tu correo, las podías conservar mientras siguieras pagando. Una vez que decidieras regresarlas, simplemente las enviabas por correo, sin pagar por el envio; y te mandan otras tres que quieras. Y hacerlo todas las veces que quieras. O dejas de pagar, y las envias de vuelta. Sin recargos.






Después, con las mejoras del Internet, tambien mejoraron su sistema, sin olvidar su concepto de envios por correo, que había sido tan bien aceptado por los estadounidenses. Empezaron a poner peliculas para ver en línea. Así de sencillo, pagas 15 dólares al mes, y puedes recibir tus tres peliculas y ver todas las que quieras en línea.

Ahora, ¿Cúal es la razón de que sea preferido Netflix que Blockbuster?Reflexionen que preferirían: 
Blockbuster: Tener que conducir hasta una tienda de Blockbuster. Escoger una pelicula. Esperar que no este rentada ya. Hacer fila para poder rentarla. Aguantar los malos tratos de los empleados. Volver a casa. Ver la pelicula. Conducir para devolverla dos dias despues. Darse cuenta que tenía que ser devuelta el día anterior y ahora hay que pagar un recargo de 5 dólares. Hacer fila para pagar. Pagar el recargo. Regresar a casa.

O:

Netflix: Abrir un navegador web. Escoger una pelicula. Disfrutarla.

Si, la mayoría de los estadounidenses también prefirió Netflix. 






Y de esta manera, cada vez más personas escogían quedarse en sus hogares y ver peliculas ilimitadamente, sin tener que salir de casa. Sin tener que pagar extra. Simplemente con un cargo relativamente barato, para la cantidad de peliculas que permite ver. Netflix siguió creciendo y Blockbuster se quedó igual; pero perdiendo clientes. Nunca intento crecer. Modernizarse. Hasta que una mañana, los despistados y los que habian estado viviendo en una cueva, se sorprendieron de ver que Blockbuster se declaraba en bancarrota. 





Aqui en México, Blockbuster siguió vigente durante mucho tiempo más sin problemas; incluso a la fecha, sigue en funciones normales, como en toda latinoamerica y demás paises que también tienen los servicios de Blockbuster. Pero esto solo porque Netflix aún no se había expandido. Hasta hace poco.





Ya ha anunciado las fechas en las que estara disponible en otros paises. Sí ingresan a la pagina www.netflix.com se daran cuenta de que viene un mensaje "Pronto estaremos disponibles en México". Pueden registrarse inmediatamente para recibir una notificación cuando ya este disponible para todos. Pero mientras, pueden aprovechar si tienen algúna consola de videojuegos, ya que ahí pueden aprovechar la disponibilidad que tiene desde hace poco mas de un mes para usar Netflix, Sí se registran, Netflix les regalara un mes de sus servicios gratis, para que puedan conocer y disfrutar de todas las ventajas que ofrece. Si los convence, lo contratan y a ver peliculas hasta que el cuerpo aguante. Lo más seguro es que cuando este disponible para todos, tambien se ofrezca este beneficio.
Bueno, ahora si me disculpan, ire a ver un par de peliculas, acabo de pagar
mi primer mes. ;)


Naranja

El puente sobre el río del búho



I
Desde un puente de ferrocarril, en el norte de Alabama, un hombre miraba correr rápidamente el agua veinte pies más abajo. El hombre tenía las manos detrás de la espalda, las muñecas atadas con una cuerda; otra cuerda anudada al cuello y amarrada a un grueso tirante por encima de su cabeza, pendía hasta la altura de sus rodillas. Algunas tablas flojas colocadas sobre los durmientes que soportaban los rieles le prestaban un punto de apoyo a él y a sus ejecutores -dos soldados rasos del ejército federal bajo las ordenes de un sargento que, en la vida civil, debió de haber sido sub comisario. No lejos de ellos, en la misma plataforma improvisada, estaba un oficial del ejército llevando las insignias de su grado. Era un capitán. En cada extremo había un centinela presentando armas, o sea con el caño del fusil por delante del hombro izquierdo y la culata apoyada en el antebrazo cruzado transversalmente sobre el pecho, posición poco natural que obliga al cuerpo a mantenerse erguido. A estos dos hombres no parecía concernirles lo que ocurría en medio del puente. Se limitaban a bloquear los extremos de la plataforma de madera.
Delante de los centinelas no había nada a la vista; la vía férrea se internaba en un bosque a un centenar de yardas; después, trazando una curva, desaparecía. Un poco más lejos, sin duda, estaba un puesto de avanzada. En la otra orilla, un campo abierto subía en suave pendiente hasta una empalizada de troncos verticales con troneras para los fusiles y una sola abertura por la cual salía la boca de un cañón de bronce que dominaba el puente. A media distancia de la colina entre el puente y el fortín estaban los espectadores: una compañía de soldados de infantería, en posición de descanso, es decir con la culata de los fusiles en el suelo, el caño ligeramente inclinado hacia atrás contra el hombro derecho, las manos cruzadas sobre la caja. A la derecha de la línea de soldados estaba un teniente, con la punta del sable tocando tierra, la mano derecha encima de la izquierda. Excepto los tres ejecutores y el condenado en el medio del puente, nadie se movía. La compañía de soldados, frente al puente, miraba fijamente, hierática. Los centinelas, frente a las márgenes del río, podían haber sido estatuas que adornaban el puente. El capitán, con los brazos cruzados, silencioso, observaba el trabajo de sus subordinados sin hacer el menor gesto. Cuando la muerte anuncia su llegada debe ser recibida con ceremoniosas muestras de respeto, hasta por los más familiarizados con ella. Para este dignatario, según el código de la etiqueta militar, el silencio y la inmovilidad son formas de la cortesía.
El hombre que se preparaban a ahorcar podría tener treinta y cinco años. Era un civil, a juzgar por su ropa de plantador. Tenía hermosos rasgos: nariz recta, boca firme, frente amplia, melena negra y ondulada peinada hacia atrás, cayéndole desde las orejas hasta el cuello de su bien cortada levita. Usaba bigote y barba en punta, pero no patillas; sus grandes ojos de color gris oscuro tenían una expresión bondadosa que no hubiéramos esperado encontrar en un hombre con la soga al cuello. Evidentemente, no era un vulgar asesino. El liberal código del ejército prevé la pena de la horca para toda clase de personas sin excluir a las personas decentes.
Terminados sus preparativos los dos soldados dieron un paso hacia los lados, y cada uno retiró la tabla de madera sobre la cual había estado de pie. El sargento se volvió hacia el oficial, saludó, y se colocó inmediatamente detrás del oficial. El oficial, a su vez, se corrió un paso. Estos movimientos dejaron al condenado y al sargento en los dos extremos de la misma tabla que cubría tres durmientes del puente. El extremo donde se hallaba el civil alcanzaba casi, pero no del todo, un cuarto durmiente. La tabla había sido mantenida en su sitio por el peso del capitán; ahora lo estaba por el peso del sargento. A una señal de su jefe, el sargento daría un paso al costado, se balancearía la tabla, y el condenado habría de caer entre dos durmientes. Consideró que la combinación se recomendaba por su simplicidad y eficacia. No le habían cubierto el rostro ni vendado los ojos. Examinó por un momento su vacilante punto de apoyo y dejó vagar la mirada por el agua que iba y venía bajo sus pies en furiosos remolinos. Un pedazo de madera que bailaba en la superficie retuvo su atención y lo siguió con los ojos. Apenas parecía avanzar. ¡Qué corriente perezosa!
Cerró los ojos para concentrar sus últimos pensamientos en su mujer y en sus hijos. El agua dorada por el sol naciente, la niebla que pesaba sobre el río contra las orillas escarpadas no lejos del puente, el fortín, los soldados, el pedazo de madera que flotaba, todo eso lo había distraído. Y ahora tenía conciencia de una nueva causa de distracción. Borrando el pensamiento de los seres queridos, escuchaba un ruido que no podía ignorar ni comprender. Un golpe seco, metálico, que sonaba claramente como los martillazos de un herrero sobre el yunque. El hombre se preguntó que podía ser aquél ruido, si venía de muy cerca o de una distancia incalculable -ambas hipótesis eran posibles. Se reproducía a intervalos regulares pero tan lentamente como las campanas que doblan a muerte. Aguardaba cada llamado con impaciencia y, sin saber por qué, con aprensión. Los silencios se hacían progresivamente más largos; los retardos, enloquecedores. Menos frecuentes eran los sonidos, más aumentaba su fuerza y nitidez, hiriendo sus oídos como si le asestaran cuchilladas. Tuvo miendo de gritar... Lo que oía era el tic tac de su reloj.
Abrió los ojos y de nuevo oyó correr el agua bajo sus pies. "Si lograra libertar mis manos -pensó- llegaría a desprenderme del nudo corredizo y saltar al río; zambulléndome, podría eludir las balas; nadando vigorosamente, alcanzar la orilla; después internarme en el bosque, huir hasta mi casa. A Dios gracias, todavía está fuera de sus líneas; mi mujer y mis hijos todavía están fuera del alcance del puesto más avanzado de los invasores".
Mientras se sucedían estos pensamientos, aquí anotados en frases, que más que provenir del condenado parecían proyectarse como relámpagos en su cerebro, el capitán inclinó la cabeza y miró al sargento. El sargento dio un paso al costado.
II
Peyton Farkuhar, plantador de fortuna, pertenecía a una vieja y respetable familia de Alabama. Propietario de esclavos, se ocupaba de política, como todos los de su casta; fue, desde luego, uno de los primeros secesionistas y se consagró con ardor a la causa de los "Estados del Sur". Imperiosas circunstancias, que no es el caso relatar aquí, impidieron que se uniera al valiente ejército cuyas desastrosas campañas terminaron con la caída de Corinth, y se irritaba de esta sujeción sin gloria, anhelando dar rienda libre a sus energías, conocer la vida más intensa del soldado, encontrar la ocasión de distinguirse. Estaba seguro de que esa ocasión llegaría para el, como llega para todo el mundo en tiempos de guerra. Entretanto hacía lo que podía. Ningún servicio le parecía demasiado humilde para la causa del Sur, ninguna aventura demasiado peligrosa si era compatible con el carácter de un civil que tiene alma de soldado y que con toda buena fe y sin demasiados escrúpulos admite en buena parte este refrán francamente innoble: en el amor y en la guerra todos los medios son buenos.
Una tarde cuando Farkuhar y su mujer estaban sentados en un banco rústico, cerca de la entrada de su parque, un soldado de uniforme gris detuvo su caballo en la verja y pidió de beber. La señora Farkuhar no deseaba otra cosa que servirlo con sus blancas manos. Mientras fue a buscar un vaso de agua, su marido se acercó al jinete cubierto de polvo y le pidió con avidez noticias del frente.
- Los yanquis están reparando las vías férreas -dijo el hombre- porque se preparan para una nueva avanzada. Han alcanzado el puente del Búho, lo han arreglado y han construido una empalizada en la orilla norte. Por una orden que se ha fijado en carteles en todas partes, el comandante ha dispuesto que cualquier civil a quién se sorprenda dañando las vías férreas, los túneles o los trenes, deberá ser ahorcado sin juicio previo. Yo he visto la horca.
- ¿A qué distancia queda de aquí el puente del Búho? -preguntó Farkuhar.
- A unas treinta millas.
- ¿No hay ninguna tropa de este lado del río?
- Un solo piquete de avanzada a media milla, sobre la vía férrea, y un solo centinela de este lado del puente.
- Suponiendo que un hombre (un civil, aficionado a la horca) esquive el piquete de avanzada y logre engañar al centinela -dijo el plantador sonriendo-, ¿qué podría hacer?
El soldado reflexionó:
- Estuve allí hace un mes. La creciente del último invierno ha acumulado una gran cantidad de troncos contra el muelle, de este lado del puente. Ahora esos troncos están secos y arderían como estopa.
En ese momento la dueña de casa trajo el vaso de agua. Bebió el soldado, le dio las gracias ceremoniosamente, saludó al marido, y se alejó con su caballo. Una hora después, caída la noche, volvió a pasar frente a la plantación en dirección al Norte, de donde había venido. Aquella tarde había salido a reconocer el terreno. Era un soldado explorador del ejército federal.
III
Cuando cayó al agua desde el puente, Peyton Farkuhar perdió conciencia como si estuviera muerto. De aquél estado le pareció salir siglos después por el sufrimiento de una presión violenta en la garganta, seguido de una sensación de ahogo. Dolores atroces, fulgurantes, atravesaban todas las fibras de su cuerpo de la cabeza a los pies. Se hubiera dicho que recorrían las líneas bien determinadas de su sistema nervioso y latían a un ritmo increíblemente rápido. Tenía la impresión de que un torrente de fuego llevaba su cuerpo hasta una temperatura intolerable. Su cabeza congestionada estaba a punto de estallar. Estas sensaciones excluían todo pensamiento, borraban todo lo que había de intelectual en él: solo le quedaba la facultad de sentir, y sentir era una tortura. Pero se daba cuenta de que se movía; rodeado de un halo luminoso del cual no era más que el corazón ardiente, se balanceaba como un vasto péndulo según arcos de oscilaciones inimaginables. Después, de un solo golpe, terriblemente brusco, la luz que lo rodeaba subió hasta el cielo. Hubo un chapoteo en el agua, un rugido atroz en sus oídos, y todo fue tinieblas y frío. Habiendo recuperado la facultad de pensar, supo que la cuerda se había roto y que acababa de caer al río. Ya no aumentaba la sensación de estrangulamiento: el nudo corredizo alrededor de su cuello, a la par que lo sofocaba, impedía que el agua entrara en sus pulmones. ¡Morir ahorcado en el fondo de un río! Esta idea le pareció absurda. Abrió los ojos en las tinieblas y vio una luz encima de él, ¡pero de tal modo lejana, de tal modo inaccesible! Se hundía siempre, porque la luz disminuía cada vez más hasta convertirse en un pálido resplandor. Después aumentó la intensidad y compendió de mala gana que remontaba a la superficie, porque ahora estaba muy cómodo. "Ser ahorcado y ahogado -pensó-, ya no está tan mal. Pero no quiero que me fusilen. No, no habrán de fusilarme. Eso no sería justo".
Aunque inconsciente del esfuerzo, un agudo dolor en las muñecas le indicó que trataba de zafarse de la cuerda. Concentró su atención en esta lucha como un espectador ocioso podía mirar la hazaña de un malabarista sin interesarse en el resultado. Qué magnífico esfuerzo. Que espléndida, sobrehumana energía. Ah, era una tentativa admirable. ¡Bravo! Cayó la cuerda: Sus brazos se apartaron y flotaron hasta la superficie. Pudo distinguir vagamente sus manos de cada lado, en la luz creciente. Con nuevo interés las vio aferrarse al nudo corredizo. Quitaron salvajemente la cuerda, la arrojaron lejos, con furor, y sus ondulaciones parecieron las de una culebra de agua. "¡Ponedla de nuevo, ponedla de nuevo!" Le pareció gritar estas palabras a sus manos, porque después de haber deshecho el nudo tuvo el dolor más atroz que había sentido hasta entonces. El cuello lo hacía sufrir terriblemente; su cerebro ardía, su corazón, que palpitaba apenas, estalló de pronto como si fuera a salírsele por la boca. Una angustia intolerable torturó y retorció su cuerpo entero. Pero sus manos desobedientes no hicieron caso de la orden. Golpeaban el agua con vigor, en rápidas brazadas, de arriba abajo, y lo sacaron a flote. Sintió emerger su cabeza. La claridad del solo lo encegueció; su pecho se dilató convulsivamente. Después, dolor supremo y culminante, sus pulmones tragaron una gran bocanada de aire que inmediatamente exhalaron en un grito.
Ahora estaba en plena posesión de sus sentidos; eran, en verdad, sobrenaturalmente vivos y sutiles. La perturbación atroz de su organismo lo sabía de tal modo exaltado y refinado que registraban cosas nunca percibidas hasta entonces. Sentía los cabrilleos del agua sobre su rostro, escuchaba el ruido que hacía cada olita al golpearlo. Miraba el bosque en una de las orillas y distinguía cada árbol, cada hoja con todas sus nervaduras, y hasta los insectos que alojaban: langostas, moscas de cuerpo luminoso, arañas grises que tendían su tela de ramita a ramita. Observó los colores del prisma en todas las gotas de rocío sobre un millón de briznas de hierba. El bordoneo de los moscardones que bailaban sobre los remolinos, el batir de alas de las libélulas, las zancadas de las arañas acuáticas como remos que levantaban un bote, y todo eso era para él una música perfectamente audible. Un pez resbaló bajo sus ojos y escuchó el deslizamiento de su propio cuerpo que hendía la corriente.
Había emergido boca abajo en el agua. En un instante, el mundo pareció girar con lentitud a su alrededor. Vio el puente, el fortín, vio a los centinelas, al capitán, a los soldados rasos, sus ejecutores, cuyas siluetas se destacaban contra el cielo azul. Gritaban y gesticulaban señalándolo con el dedo. El oficial blandía su revolver pero no disparaba. Los otros estaban sin armas. Sus movimientos parecían grotescos y horribles; sus formas gigantescas. De pronto se oyó una nueva detonación breve y un objeto golpeó vivamente el agua a pocas pulgadas de su cabeza, salpicándole el rostro. Oyó una segunda detonación y vio que uno de los centinelas aún tenía el fusil al hombro: de la boca del caño subía una ligera nube de humo azul. El hombre en el río vio los ojos del hombre en el puente que se detenían en los suyos a través de la mira del fusil. Al observar que los ojos del centinela eran grises, recordó haber leído que los ojos grises eran muy penetrantes, que todos los tiradores famosos tenían ojos de ese color. Sin embargo, aquél no había dado en el blanco.
Un remolino lo hizo girar en sentido contrario; de nuevo tenía a la vista el bosque que cubría la orilla opuesta al fortín. Una voz clara resonó tras él en una cadencia monótona, y llegó a través del agua con tanta nitidez que dominó y apagó todo otro ruido, hasta el chapoteo de las olitas en sus orejas. Sin ser soldado, había frecuentado bastante los campamentos para conocer la terrible significación de aquella lenta, arrastrada, aspirada salmodia: en la orilla, el oficial cumplía su labor matinal. Con qué frialdad implacable, con qué tranquila entonación que presagiaba la calma de los soldados y les imponía la suya, con qué precisión en la medida de los intervalos, cayeron estas palabras crueles:
- ¡Atención, compañía!... ¡Armas al hombro!...¡Listos!... ¡Apuntar!... ¡Fuego!...
Farkuhar se hundió, se hundió tan profundamente como pudo. El agua gruñó en sus oídos como la voz del Niagara. Escuchó sin embargo el trueno ensordecido de la salva y, mientras subía a la superficie, encontró pedacitos de metal brillante, extrañamente chatos, oscilando hacia abajo con lentitud. Algunos le tocaron el rostro y las manos, después continuaron descendiendo. Uno de ellos se alojó entre su pescuezo y el cuello de la camisa: era de un calor desagradable y Farkuhar lo arrancó vivamente.
Cuando llegó a la superficie, sin aliento, comprobó que había permanecido mucho tiempo bajo el agua, la corriente lo había arrastrado muy lejos -cerca de la salvación. Los soldados casi habían terminado de cargar nuevamente sus armas; las baquetas de metal centellearon al sol, mientras los hombres las sacaban del caño de sus fusiles y las hacían girar en el aire antes de ponerlas en su lugar. Otra vez tiraron los centinelas y otra vez erraron el blanco.
El perseguido vio todo esto por arriba del hombro. Ahora nadaba con energía a favor de la corriente. Su cerebro no era menos activo que sus brazos y sus piernas; pensaba con la rapidez del relámpago.
"El teniente -razonaba- no cometerá este error por segunda vez. Es el error propio de un oficial demasiado apegado a la disciplina. ¿Acaso no es tan fácil esquivar una salva como un solo tiro? Ahora, sin duda, ha dado orden de tirar como quieran. ¡Dios me proteja, no puedo escaparles a todos!"
A dos yardas hubo el atroz estruendo de una caída de agua seguido de un ruido sonoro, impetuoso, que se alejó diminuendo y pareció propagarse en el aire en dirección al fortín donde murió en una explosión que sacudió las profundidades mismas del río. Se alzó una muralla líquida, se curvó por encima de él, se abatió sobre él, lo encegueció, lo estranguló. ¡El cañón se había unido a las demás armas! Como sacudiera la cabeza para desprenderla del tumulto del agua herida por el obus, oyó que el proyectil, desviado de su trayectoria, roncaba en el aire delante de él y segundos después hacía pedazos las ramas de los arboles, allí cerca, en el bosque.
"No empezaran de nuevo -pensó-. La próxima vez cargarán con metralla. Debo mantener los ojos fijos en la pieza: el humo me indicará. La detonación llega demasiado tarde; se arrastra detrás del proyectil. Es un buen cañón".
De pronto se sintió dar vueltas y vueltas en el mismo punto. Giraba como un trompo: el agua, las orillas, el bosque, el puente, el fortín y los hombres ahora lejanos, todo se mezclaba y se esfumaba. Los objetos ya no estaban representados sino por sus colores; bandas horizontales de color era todo lo que veía. Atrapado por un remolino, avanzaba con un movimiento circulatorio tan rápido que se sentía enfermo de vértigo y náuseas. Momentos después se encontró arrojado contra la orilla izquierda del río -la orilla austral- detrás de un montículo que lo ocultaba e sus enemigos. Su inmovilidad súbita, el roce de una de sus manos contra el pedregullo, le devolvieron el uso de sus sentidos y lloró de alegría. Hundió los dedos en la arena que se echó a puñados sobre el cuerpo bendiciéndola en alta voz. Para él era diamantes, rubíes, esmeraldas; no podía pensar en nada hermoso que no se le pareciera. Los arboles de la orilla eran gigantescas plantas de jardín; advirtió un orden determinado en su disposición; respiró el perfume de sus flores. Una luz extraña, rosada, brillaba entre los troncos, y el viento producía en su follaje la música armoniosa de una arpa eolea. No deseaba terminar de evadirse; le bastaba quedarse en ese lugar encantador hasta que lo capturaran.
El silbido y el estruendo de la metralla en las ramas por encima de su cabeza lo arrancó de su ensueño. El artillero, decepcionado le había enviado al azar una descarga de adiós. Se levantó de un salto, remontó precipitadamente la pendiente de la orilla, se internó en el bosque.
Caminó todo aquél día, guiándose por la marcha del sol. El bosque parecía interminable; por ninguna parte un claro, ni siquiera el sendero de un leñador. Había ignorado que viviera en una región tan salvaje, y había en esta revelación algo sobrenatural.
Continuaba avanzando al caer la noche, con los pies heridos, fatigado, hambriento. Lo sostenía el pensamiento de su mujer y de sus hijos. Terminó por encontrar un camino que lo conducía en la buena dirección. Era tan ancho y recto como una calle urbana, y sin embargo daba la impresión de que nadie hubiese pasado por él. Ningún campo lo bordeaba; por ninguna parte una vivienda. Nada, ni siquiera el aullido de un perro sugería una habitación humana. Los cuerpos negros de los grandes arboles formaban dos murallas rectilíneas que se unían en un solo punto del horizonte, como un diagrama en una lección de perspectiva. Por encima de él, como alzara los ojos a través de aquella brecha en el bosque, vio brillar grandes estrellas de oro que no conocía, agrupadas en extrañas constelaciones. Tuvo la certeza de que estaban dispuestas de acuerdo con un orden que ocultaba un maligno significado. De cada lado del bosque le llegaban ruidos singulares entre los cuales, una vez, dos veces, otra vez aún, percibió nítidamente susurros en una lengua desconocida.
Le dolía el cuello; al tocárselo, lo encontró terriblemente inchado, sabía que la cuerda lo había marcado con un círculo negro: tenía los ojos congestionados; no lograba cerrarlos. Tenía la lengua hinchada por la sed; sacándola entre los dientes y exponiéndola al aire fresco apaciguó su fiebre. Qué suave tapiz había extendido el césped a lo largo de aquella avenida virgen. Ya no sentía el suelo bajo los pies.
A despecho de sus sufrimientos, sin duda, se ha dormido mientras camina, porque ahora contempla otra escena -tal vez acaba de salir de una crisis delirante. Se encuentra ante la verja de su casa. Todo está como lo ha dejado, todo resplandece de belleza bajo el sol matinal. Ha debido de caminar la noche entera. Mientras abre la puerta de la verja y asciende por la gran avenida blanca, ve flotar ligeras vestiduras: su mujer, con el rostro fresco y dulce, baja de la galería y le sale al encuentro, deteniéndose al pie de la escalinata con una sonrisa de inefable júbilo, en una actitud de gracia y dignidad inigualables. ¡Ah, cómo es de hermosa! El se lanza en su dirección, los brazos abiertos. En el instante mismo que va a estrecharla contra su pecho, siente en la nuca un golpe que lo aturde. Una luz blanca y enceguecedora flamea a su alrededor con un ruido semejante al estampido del cañón -y después todo es tinieblas y silencio.
Peyton Frakuhar estaba muerto. Su cuerpo, con el cuello roto, se balanceaba suavemente de uno a otro extremo de las maderas del puente del Buho.

La feria de la torta

La primer entrada de este blog en la sección de experiencias/viencias; tendra el honor de tenerlo este artículo sobre la feria de la torta.

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La feria de la torta es un maravilloso evento en el que se reunen torterías y locherías de toda la capital, la zona metropolitana, de diferentes estados del país, e incluso de paises invitados; como Líbano, Cuba, Chile y Colombia. Por lo que la variedad de tortas es ilimitada, se pueden encontrar desde tortas de Calamar con Pulpo y Camarón, hasta tortas de lechón con conejo, pasando por tortas de Caviar, Bacalao y Mantarraya al pastor. 


Este año se celebró la octava edición, en la que se tuvo que extender el tiempo de duración a 5 dias, debido a la alta demanda que tuvo el año pasado, en la que se registró una asistencia de más de 250mil amantes de la torta.


La inauguración tuvo lugar el 27 de julio de 2011, y el evento principal durante la ceremonia de apertura, fue nada más y nada menos que el de la creación de la torta más grande del mundo, que fue elaborada por decenas de torteros profesionales y tuvo una medida de 50 metros. Tenía una extensa variedad de sabores y se dividió en miles de porciones para que todos los asistentes pudieran disfrutarla y compartir el récord.




En la opinión de un servidor, les puedo decir que este año la feria me resultó maravillosa, no había tenido la fortuna de conocerla antes pero con lo que pude ver este año me dieron ganas de regresar todas y cada una de las ediciones siguientes; desgraciadamente en esta octava celebración de la feria, solo tuve la oportunidad de visitarla una vez, pero con eso me basto para poder decidir cual es mi lugar preferido para comer tortas.


Después de largos debates personales y varios titubeos, decidí degustar una exquisita cemita de milanesa, con pierna y salchicha. Un alimento para los verdaderos amantes de las tortas, pero que también puede ser disfrutado por cualquier persona deseosa de una buena torta. De un tamaño descomunal que precisaba usar ambas manos para manejar la mitad de la cemita y solo permitiendo dar una pequeña mordida a pesar de abrir toda la boca...  poseía un sabor tremendo, incomprensible e indescriptible, pero perfecto. Uno de los mejores emparedados que he comido en mi vida, o me atrevo a decir que el mejor.


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Pero no podía dejar pasar esa inmejorable oportunidad para mi paladar con solo una torta, así que tambien tuve que deleitarlo con una de las famosas tortas de cochinita pibil, una torta digna de los dioses del Olimpo y que ni el mismísimo Zeus hubiera podido hacer mejor...

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La única desventaja que noté en la feria, es que todos se concentraron demasiado en crear manjares modernos; conocidos más bien como tortas; y dejaron de lado al fiel acompañante de estas, un gran vaso de agua fresca, ya que en un par de vueltas a todos los establecimientos no pude encontrar ningun local que vendiera alguna bebida parecida, aunque con dichas tortas, un refresco no estuvo nada mal. 

100% recomendable; la feria recibe una calificación de 6 estrellas de 5 disponibles, y sin temor a equivocarme les digo que vale la pena un viaje desde cualquier parte del mundo para conocer y poder probar estas tortas, ya que aunque desayunaran comieran y cenaran ahí por 5 dias seguidos mis queridos lectores,  NO probarían una torta igual a la otra.
Una experiencia verdaderamente inigualable, que sin duda repetire cada año; espero verlos ahí el siguiente, yo invito las tortas. ;)

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Naranja

¿Qué? ¿Pintura verde?



Lo dicen los ancianos desde hace años, y todo mundo dice que los tiempos cambian, que no es cierto, que las cosas solo son diferentes con cada generación, el problema es que a pesar de todo lo que digamos, hay una verdad que vale para cualquiera, lo reconozcan o no, y es esta: el mundo se esta yendo a la mierda.

“Pero eso lo dicen siempre, cada década es lo mismo, la gente y sus costumbres cambian, que no te guste lo mismo es otro pedo” dice todo mundo, pero nosotros no nos referimos a eso, si te vistes de alguna manera, o escuchas la música que sea, no importa, y nunca ha importado, por que las costumbres evolucionan, y, es mas, generalmente lo que queda de generaciones anteriores generalmente es solo lo mejor y mas eficiente, convirtiendo la transformación de generación en generación en una lenta pero constante destilación. Entonces, ¿qué es lo que esta mal? ¿Qué es lo que esta oxidado y arrumbado en el rincón de la decadencia? Pues la gente misma, los seres humanos que, aglomerados en grupos y sociedades, le damos sentido a esto que llamamos mundo.

¿Pero, por qué está mal la gente? Y por que, ¿hay acaso algo mal en las personas, en ti en mi?

Pues tal vez, en efecto, hay algo mal con las personas, pero es difícil saberlo; lo que sí es fácil saber es que algo anda mal con la gente, no con los individuos (o no tan gravemente, por lo menos), los problemas de cada quien son relativamente fáciles de aislar, la verdadera faena se arma cuando hay problemas generados por todos, y que nos afectan a todos. “¿Qué problemas?” dirán, “¿Acaso la guerra, la economía deficiente, o los políticos corruptos?”. Pues no, esos problemas, aunque son indudablemente graves, no son de los que hablamos. Los problemas que conciernen a este blog son mas escurridizos, y paradójicamente, aumentan en cuanto a cantidad y gravedad aunque en teoría deberían ser mas fáciles de eliminar. El problema es nuestra actitud, nuestro comportamiento para con los demás, la influencia que tenemos sobre otros, consciente e inconscientemente, así como lo que, absurdamente, hacemos para complacer y seguir a los demás aunque tal fin solo existe en nuestras cabezas.

Todas esas cosas son de lo peor que nos pasa, y de una u otra manera persisten en nuestro inconsciente. Algo tan simple como vivir se puede volver un martirio, y todo gracias a nuestra actitud. Y tal vez lo peor de todo es que si alguien, tu, yo, o quien sea, podemos cambiar si reconocemos en qué la regamos y nos lo proponemos, pero no podemos cambiarles la actitud a los demás. Aunque como una pared ajena, arruinada por el tiempo o mal graffitti podemos intentar ayudar, tal vez no reparando los ladrillos, pero sí con una mano de pintura. Verde...

Rojo