viernes, 17 de agosto de 2012

Richard Stallman acerca de la piratería


Luce como un verdadero gurú, habla como un gurú, consigue reunir acólitos como un gurú. Es Richard Stallman, el programador que puso la piedra fundacional -en los 70 y 80- para que exista el sistema operativo abierto y libre GNU Linux. Pero Stallman es mucho más que un geniecillo obsesionado por los 0 y 1 del sistema binario.  
Su palabra es seguida atentamente tanto por geeks como por activistas o filósofos. Porque el barbado supo ir anticipando cada uno de los problemas y roces que las nuevas tecnologías fueron generando en las sociedades con el correr de los años. Y el de la "piratería" es uno, cuando no el mayor. "Cuándo me preguntan qué opino sobre la piratería yo respondo… ¡Está muy mal atacar barcos!", ríe con ganas.
Religión soft libre. Richard Stallman suele terminar sus charlas ataviado como un brujo o un religioso. En solfa, dicta mandamientos a sus seguidores y bendice las computadoras presentes en los distintos auditorios (la mayoría, universidades) que suele visitar en todo el mundo, en carácter de presidente de la fundación de Software Libre. Y luego, se queda firmando notebooks con fibrón durante horas y horas.
Hace varios meses visitó nuestro país, y Los Andes estuvo junto a él en Córdoba. Allí dijo: "Otra obra de uso práctico como el software son las recetas de cocina, por ejemplo. Cualquiera puede compartir recetas, modificarlas y volver a enseñarlas. Imaginate si el Estado, por intercambiar recetas, te llama pirata y te manda a la cárcel. Imaginate el enojo que habría... Con el mismo enojo yo lancé el movimiento de software libre en 1983".
Un poco de historia: Stallman era en los ‘70 un promisorio programador del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Estados Unidos.
Atildadito, lucía el pelo corto y la tez afeitada. Allí ejecutaba y leía código UNIX, el sistema operativo que reinaba en la prehistoria de la computación personal.
Él, como muchos de sus compañeros, estaban acostumbrados a crear programas y pasárselos para ir mejorándolos o adaptándolos. Pero de a poco, con el crecimiento del negocio, muchos de estos sistemas fueron adquiriendo licencias que resguardaban los derechos de autor. Desde entonces, ya no sólo era dificultoso leer el código de los programas e intervenir en ellos sino que pasó a ser ilegal.
Una de las características salientes del protagonista de esta historia es que puso en acción sus ideas. Lo dicho: como no se podía meter mano a los programas que fueron haciendo valer sus licencias… él invento uno.
Un sistema operativo basado en UNIX, pero cuya licencia dejaba en claro que era libre: cualquiera podía modificarlo, siempre y cuando la resultante también fuera de uso libre. Lo llamó GNU (un acrónimo: GNU no es Unix). Con los años fue radicalizando su mensaje, trasladándolo a todos los productos culturales.
-Usted dijo que las discográficas deberían desaparecer, ¿por qué?, le preguntamos entonces.
-Yo no les digo "discográficas". Les digo fábricas de música, y la música que sale de allí suena como salida de una fábrica. Ellos, con sus leyes privativas, han atacado nuestra libertad.
Su castigo debe ser ¡su eliminación! No es malo que exista una empresa que venda discos. Lo malo es que ellas pidan leyes que prohíban compartir. Merecen dejar de existir…


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